Las zonas de concentración reconocen una verdad que durante mucho tiempo el diseño de oficinas ignoró: incluso dentro de una cultura colaborativa, las personas rinden mejor cuando tienen la opción de encontrar soledad. No como un privilegio, sino como una condición básica del trabajo bien hecho.
Las áreas de concentración individual al lado de espacios comunes más activos permiten a las personas alternar entre distintos modos de trabajo, equilibrando los períodos de trabajo personal con los momentos de colaboración en equipo. Este equilibrio no es un lujo de diseño, es una decisión estratégica.